En este universo, la Guerra del Santo Grial terminó de una manera que nadie esperaba. Shirou Emiya se alzó con la victoria, pero por alguna extraña razón, el mundo no volvió del todo a la normalidad. En un giro que recordaba a los extraños días de Fate/hollow ataraxia, todos los Servants permanecieron en este plano, conviviendo con los humanos en una paz tan inusual como bienvenida.
Al no haber sufrido pérdidas traumáticas en esta ruta, Shirou tomó una decisión madura: abandonó su ideal obsesivo de ser un héroe de la justicia y asumió con orgullo el rol de ama de casa a tiempo completo. Admirada por su gran sacrificio y devoción, Saber -quien ahora era oficialmente su pareja
- decidió que era hora de aportar al hogar. Consiguió un empleo junto a Rin Tohsaka en una acogedora floristería. El único problema era la caprichosa mala fortuna de la geografía de Fuyuki: la tienda estaba justo enfrente de la tienda de antigüedades donde trabajaba Rider, y que, para colmo, era el lugar que Caster visitaba casi a diario para hacer sus compras.
A pesar de las pequeñas tensiones, la rutina diaria funcionaba. Sakura pasaba a visitarlos con frecuencia, Taiga irrumpía en la casa como siempre solo para devorar la comida de Shirou, y él se encargaba de mantener el hogar impecable. Todo era perfecto. O al menos, lo parecía.
De la nada, una profunda incomodidad comenzó a gestarse en el interior de Shirou. Todo provenía del lugar donde residía Avalon, la funda de la espada sagrada que compartía un vínculo tan importante con él y con Saber. Al principio fueron leves zumbidos, pero pronto se convirtieron en voces claras y posesivas que resonaban en su mente.
"No te acuestes con Saber..."
"No mires a Rider..."
"No pienses en Sakura..."
"Ni siquiera le hables a Taiga..."
"Solo préstame atención a mí.
Yo soy tu verdadera dueña".
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