Él era mi mejor amigo.
La persona que conocía mis secretos, mis miedos y cada una de mis versiones. Nunca imaginé que un día nuestras miradas cambiarían, que sus abrazos comenzarían a sentirse diferentes o que enamorarme de él sería tan fácil.
Lo difícil no fue enamorarnos.
Lo difícil fue hacerlo en el momento equivocado.
Entre secretos, heridas que aún no sanaban, inseguridades y problemas que amenazaban con separarnos, descubrimos que algunas historias de amor no son imposibles porque no exista amor...
Sino porque, a veces, querer a alguien no es suficiente.
Y aunque todos decían que debíamos alejarnos, había algo entre nosotros que siempre nos hacía volver.
Porque él era mi mejor amigo.
Y también era la única persona de la que nunca debí enamorarme.
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