𝒊𝒍𝒍𝒆𝒈𝒂𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆
Colaboración con: @sxfix_2010
Un matrimonio planeado, no elegido. Una alianza, no un romance.
"Nada de sentimientos, solo cumplir con lo acordado".
Esa fue la regla principal desde el primer momento. Las familias Haaland y Bellingham, dos linajes poderosos que durante años construyeron su éxito por caminos separados, decidieron que había llegado el momento de unir fuerzas, fortunas y legados. Y la forma más firme y tradicional de sellar esa gran alianza empresarial era uniendo sus vidas: Erling Haaland y Jude Bellingham, los herederos de ambos imperios, contraerían matrimonio por conveniencia.
No hubo peleas, ni rencores antiguos, ni historias de odio entre ellos Simplemente, eran dos personas que apenas se conocían, criadas para entender sus responsabilidades y aceptar su destino. Erling aceptó el trato con la seriedad y frialdad que lo caracterizaban; Jude lo hizo con elegancia, orgullo y la misma claridad: esto era un negocio, nada más. Firmaron un contrato donde todo estaba perfectamente definido: qué pertenecía a cada uno, cuáles serían sus obligaciones públicas y lo más importante: ninguno de los dos estaría obligado a dar, exigir o fingir sentimientos que no existieran.
Ahora viven bajo el mismo techo, en una casa inmensa diseñada para que incluso estando juntos, cada uno tenga su propio mundo. Se saludan con educación, comparten espacios cuando es necesario y respetan la privacidad y la independencia del otro por encima de todo. Son socios, compañeros de nombre y de imagen, pero siguen siendo extraños que cumplen su palabra al pie de la letra. Sin embargo, los planes más perfectos y las reglas más claras a veces no pueden controlar lo que sucede cuando dos personas empiezan a compartir no solo un hogar, sino también los días, las costumbres y la vida que antes llevaban por separado. Prometieron que no habría sentimientos... pero nadie les advirtió que la convivencia tiene sus propias reglas, y que el corazón no siempre lee