Wei Wuxian ignoró el grito histérico de Jiang Cheng, los susurros que de repente se habían extendido a su alrededor, las miradas escandalizadas de los discípulos de Gusu Lan -o la palidez de Lan Qiren, una mezcla de sorpresa y horror- y se apartó, observando el rostro de Lan Wangji. Un rostro que, Wei Wuxian se dio cuenta de repente con creciente temor, era mucho más joven de lo que recordaba.
Wei Wuxian y Lan Wangji recuperan sus cuerpos de jóvenes a mitad de los acontecimientos en el Templo Guanyin. Wei Wuxian no va a permitir que un pequeño problema como ese, ni la multitud de personas que los rodean, le impidan confesar su amor.
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