Todo empezó una noche cualquiera, cuando Yoongi caminaba solo por calles vacías regresando de la biblioteca, con la mochila llena de apuntes y la cabeza en sus estudios, sin imaginar que alguien lo observaba desde las sombras. Taehyung era el jefe de la organización más temida de la ciudad: frío, despiadado, dueño de todo lo que se mueve en el bajo mundo, acostumbrado a mandar y a que todos le teman. Pero en cuanto vio a ese chico delgado, con la mirada clara y el paso tranquilo incluso en la oscuridad, sintió que algo en él se rompía y cambiaba para siempre.
Se acercó a él sin hacer ruido, y por primera vez en su vida, Taehyung tuvo miedo de asustar a alguien. Le habló con una suavidad que nadie conocía en él, le ofreció acompañarlo para que no corriera peligro, y Yoongi -inocente, sin saber quién era realmente, sin saber que ese hombre tenía las manos manchadas de sangre y el control de toda la ciudad- le sonrió y aceptó.
Desde entonces se ven casi todos los días. Taehyung es dominante, posesivo, decide sin dudar por él cuando hace falta, lo cuida con una intensidad que a veces lo abruma, pero nunca le dice la verdad sobre su vida. No quiere que Yoongi lo mire con miedo, no quiere que esa luz que brilla en sus ojos se apague al saber quién es realmente. Yoongi solo ve a un hombre atento, protector, que siempre aparece justo cuando lo necesita, que le da todo lo que puede y más, sin preguntar nada a cambio. No sabe que cada paso que da por la ciudad está vigilado, que cada persona que se le acerca demasiado es revisada, que detrás de cada caricia hay un poder inmenso y un secreto que podría separarlos para siempre.
Taehyung sabe que no puede ocultárselo eternamente, pero por ahora, solo quiere mantenerlo así: a su lado, inocente, feliz, sin saber que él es el peligro que el mundo teme... y el único refugio que Yoongi jamás tendrá.
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