Hay personas que llegan a tu vida para quedarse un rato, dejar una enseñanza e irse sin mirar atrás. Y luego están esas que, aunque el mundo entero intente separarlas, siempre terminan encontrando el camino de regreso. Hyunjin nunca creyó en el destino hasta que conoció a Felix.
Lo amó mucho antes de que pudiera llamarlo suyo. Lo hizo desde la distancia, conformándose con sonrisas ajenas, conversaciones que duraban demasiado poco y la esperanza de que algún día sus sentimientos fueran correspondidos. Esperó más de lo que cualquiera habría esperado, porque estaba convencido de que había personas por las que valía la pena hacerlo. Y cuando, por fin, Felix tomó su mano y decidió caminar a su lado, Hyunjin creyó que todo lo difícil había quedado atrás. Pero el amor nunca prometió ser suficiente.
Las discusiones comenzaron a ocupar el lugar de las risas, los secretos pesaban más que las palabras y las heridas que ambos habían intentado ignorar durante años empezaron a abrirse una vez más. Entre problemas, recaídas y adicciones que parecían consumirlo todo, su relación dejó de ser el refugio que alguna vez había sido para convertirse en una batalla constante entre quedarse o rendirse.
Había noches en las que pensaban que quizá lo mejor era alejarse, convencidos de que el otro merecía una vida menos complicada. Sin embargo, cada intento por soltarse terminaba igual: volvían. Siempre volvían. Porque había algo entre ellos que iba mucho más allá del amor, algo que ni el tiempo, ni el orgullo, ni el dolor conseguían romper.
Tal vez su historia no estaba destinada a ser perfecta.
Tal vez jamás aprenderían a dejar de hacerse daño.
O tal vez algunas almas simplemente nacen para encontrarse una y otra vez, incluso cuando el universo parece empeñado en demostrar que no deberían estar juntas.
Y si había algo de lo que Hyunjin y Felix estaban completamente seguros, era que podían perderlo todo... menos el uno al otro..
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