Ruby lleva este sentimiento guardado en el pecho desde que apenas tenía trece años: está perdidamente enamorada de Jeon Jungkook, el mejor amigo de su hermano Tae. Él es doce años mayor -tiene veinticinco -, tiene esa mirada afilada que parece verlo todo, una sonrisa que puede parecer cálida pero que en el fondo oculta mucho, y es el chico que siempre estuvo ahí en su casa, compartiendo tardes y risas con Tae... sin sospechar que se había convertido en el centro de todos los sueños de Ruby.
Pero la realidad es muy distinta a lo que ella imagina: para Jungkook, Ruby no es más que la hermana pequeña de su mejor amigo. No siente absolutamente nada por ella; no ve en ella a una mujer, solo a la niña que solía correr por la casa, que escuchaba sus charlas desde la puerta y que siempre bajaba la mirada cuando él le hablaba. Él es egoísta, mujeriego, calculador y terco: vive su vida sin detenerse en nadie, usa lo que le conviene y no se fija en quien lo mira con el corazón en la mano. Ni siquiera se ha dado cuenta de la forma en que ella lo mira, ni de que su presencia cambia todo para ella.
Y hay un detalle más que hace que todo sea aún más difícil: Tae, su hermano, no tiene ni la más mínima idea de este secreto. Él confía ciegamente en Jungkook, lo considera parte de la familia, y nunca se imaginaría que su propia hermana guarda un sentimiento así por él. Tae está perdidamente enamorado de Rose -una de las mejores amigas de Ruby-, así que su mente está en otra parte, sin sospechar que entre su hermana y su mejor amigo hay un abismo de sentimientos no dichos.
Ahora Ruby ha llegado a Seúl, está cerca de ellos... pero tendrá que enfrentarse a la verdad: él es el mejor amigo de su hermano, y ella es solo una más para él. Un amor que nació en la sombra, que creció en silencio, y que ahora tendrá que salir a la luz... aunque duela.
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