Muchas veces somos capaces de sostener una mentira con tal de no perder a alguien que amamos.
La dejamos crecer, la protegemos, incluso aprendemos a convivir con ella. Pero ¿qué ocurre cuando esa mentira deja de protegernos y comienza a destruir a alguien que realmente nos importa?
A veces, amar también significa renunciar a nuestras propias necesidades para salvar a alguien más.
Al comienzo de esta historia, Sofi todavía es una niña. Su figura paterna representa su mundo entero: lo ama como padre, lo admira como héroe y cree que nada podría cambiar la imagen que tiene de él.
Hasta que un secreto sale a la luz.
Y cuando Sofi descubre que alguien importante para ella está en peligro, decide actuar. No porque sea fuerte. No porque esté preparada. Sino porque, a veces, el amor nos hace enfrentar aquello que más miedo nos provoca.
Porque somos capaces de amar incluso a quienes no lo merecen.
Pero cuando llega el momento de elegir a quién proteger, solo podemos ponernos del lado de uno.
Del lado de quien sufrió.
Del lado de quien realmente lo necesitaba.
Esta historia siempre fue mi favorita.
¿Saben por qué?
Porque Sofi no nació solamente de mi imaginación.
Sofi salió de mí.
Y también de muchas de nosotras.
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