-¿Te gusta? -preguntó Bellingham, sin apartar la vista del chico que no dejaba de hacer sonreír a Greis. Ella sostuvo su mirada durante unos segundos. -¿Y si me gustara? Bellingham bajó la mirada, sonrió con amargura y negó con la cabeza. -Perfecto. Se dio la vuelta... pero esa fue la primera vez que entendió que perder a Greis le daba mucho más miedo que perder cualquier partido.
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