Rivalidad Que Nos Alcanzó
Israel bajó la mirada.
No entendía por qué ese detalle le había dado tantas vueltas en la cabeza.
Quiso convencerse de que era porque Armando era un buen compañero.
Y, tal vez, era cierto.
Pero había algo...
Algo que ya no terminaba de encajar con esa explicación.
El autobús siguió avanzando entre risas y canciones.
Israel volvió a levantar la vista.
Armando seguía riéndose por otra ocurrencia de Gilberto.
Sin darse cuenta, sonrió también.
Y, por primera vez desde que comenzó el Mundial, la pregunta dejó de ser qué pasaría en el siguiente partido.
La verdadera pregunta era otra.
¿Por qué le importaba tanto verlo sonreír?