Albri aprendió muy joven lo que era crecer rápido, cambiar pañales, preparar biberones, llamar al hospital cuando su hermana tenía fiebre y trabajar el doble, sólo para que a aquella pequeña nunca le faltara nada, Albri la cuidó, la vio caminar, hablar, pero nadie le dijo lo difícil que sería hacerlo todo sola, pero nunca se rindió, porque mientras su hermana menor durmiera tranquila, ella movería, cielo, mar y tierra para que a ella nunca le faltara nada... Aunque eso significara crecer demasiado rápido...
"Hay personas que recuerdan su adolescencia por fiestas, amigos y primeros amores. Yo la recuerdo por biberones tibios a las tres de la mañana, tareas hechas entre siestas ajenas y canciones grabadas cuando el cansancio ya no cabía en mi cuerpo."
El día que Celeste nació, Albrittina Seville tenía apenas catorce años. Todavía usaba uniforme escolar. Todavía hacía tareas de matemáticas. Todavía debía preocuparse por exámenes. Pero el destino nunca le preguntó si estaba lista. Solo puso una niña diminuta entre sus brazos. Y desde ese instante... dejó de ser únicamente una hermana mayor.
Y se convirtió en un hogar.
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