No fui a aquel rodaje buscando el amor.
Solo quería ganar algo de dinero.
Pero entonces te vi.
Tres días. Eso era todo lo que íbamos a compartir. Tres días entre cámaras, focos, maquillaje y largas horas de espera. Tiempo suficiente para convencerme de que había algo entre nosotros... o, al menos, eso quería creer.
Desde ese momento, cada rodaje dejó de ser un trabajo. Se convirtió en una nueva oportunidad. Una nueva historia. Una nueva obsesión.
Porque algunas personas pasan por tu vida.
Y otras se quedan viviendo en tu cabeza.
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