Dicen que incluso la noche más oscura termina cediendo ante el amanecer, pero nadie habló de aquellos cuya alma dejó de esperar la llegada del sol.
Lucan Moonveil era uno de ellos.
El último descendiente de una estirpe condenada a desaparecer, el último heredero de un apellido que alguna vez fue sinónimo de gloria y que ahora solo era recordado entre susurros y tumbas, desde el día en que vio morir a su familia, comprendió que el destino jamás había escrito una vida para él, sino una sentencia, el reino de Eryndor lo convirtió en un arma.
No en un hombre.
No en un hijo.
Mucho menos en alguien digno de ser amado.
Sin embargo, bajo aquella armadura de hierro se ocultaba una verdad que nadie conocía.
Mientras a así mismo, al otro lado del continente existía un reino completamente diferente.
Calthera.
Una tierra cubierta por bosques interminables, donde la magia nacía entre los árboles y el viento llevaba consigo el aroma de las flores, allí vivía Cedric Valcour, un joven alfa de origen humilde cuyo corazón era tan puro como la luz que habitaba en su interior.
Dos hombres.
Dos reinos.
Dos destinos escritos para convertirse en enemigos.
Ninguno imaginó que una guerra terminaría uniéndolos de la forma más inesperada.
Porque el odio puede convertirse en deseo.
El deseo puede convertirse en amor.
Y el amor... puede cambiar el destino de un reino entero.
Pero antes de que la luz pudiera alcanzar las sombras, ambos tendrían que enfrentarse a aquello que parecía imposible de vencer.
La guerra.
Los prejuicios.
La corona.
Y, sobre todo...
A las heridas que jamás dejaron de sangrar.
Porque algunas maldiciones no buscan matar el cuerpo.
Buscan convencer al corazón de que nunca volverá a latir.
Hasta que alguien aparece para demostrar lo contrario...
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