Siempre vi las calles de la ciudad oscuras. Tal vez porque así era como veía mi vida. Desde que tengo memoria sentí que no era un niño normal, que había algo roto en mí. Crecí preguntándome por qué nunca pude ser feliz, por qué me costaba tanto sentirme amado y si realmente existía un Dios que alguna vez me hubiera mirado.
Mi infancia estuvo marcada por el abandono, la violencia y la pérdida. Mis padres biológicos nunca fueron el refugio que un hijo necesita y, cuando murieron, pasé de hogar en hogar creyendo que, tal vez, en algún lugar encontraría una familia. Pero el dolor parecía seguirme a todas partes.
Con el tiempo comenzaron las pesadillas, los recuerdos y unas voces que nunca supe explicar. Me hicieron dudar de mi propia mente, de mi fe y de quién era realmente. Muchas veces pensé que había algo malo en mí, aunque en el fondo solo quería una vida normal: tener una familia, sentirme querido y dejar de vivir con miedo.
Esta es mi historia. La historia de un niño que creció entre cicatrices, intentando descubrir si el sufrimiento tiene un propósito y si todavía existe un lugar donde pueda encontrar paz antes de que la oscuridad termine por consumirlo.
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