Hay amores que salvan.
Y hay amores que, cuando se pierden, lo destruyen todo.
Antes de convertirse en la Scarlet Witch que el mundo aprendió a temer, Wanda Maximoff tuvo algo que nadie más logró darle: estabilidad. Un ancla. Una razón para detenerse antes de cruzar líneas de las que no habría regreso. Ese "algo" tenía nombre, tenía voz... y tenía un lugar irremplazable en su vida: Elara.
Su historia no fue perfecta, pero fue real. Intensa, profunda y, sobre todo, lo suficientemente fuerte como para mantener a Wanda con los pies en la tierra incluso cuando el caos amenazaba con consumirla. Hasta el día en que todo terminó. Hasta el momento en que Elara murió... y con ella, la última parte de Wanda que aún creía en finales diferentes.
La pérdida no la hizo más fuerte.
La hizo peligrosa.
Obsesionada con la idea de que ninguna despedida es definitiva, Wanda cruzó límites que nadie más se atrevería siquiera a considerar, aferrándose a la posibilidad de encontrar, en algún lugar del multiverso, una realidad donde Elara siguiera viva. Porque si existía una mínima probabilidad, entonces valía la pena destruirlo todo por alcanzarla.
Pero lo que Wanda nunca supo... es que nunca la perdió realmente.
En lo más profundo de una instalación oculta, lejos de miradas y de cualquier forma de compasión, Elara no murió aquel día. Fue encontrada, reconstruida... y transformada. Privada de sus recuerdos, de su identidad y de todo lo que alguna vez la conectó con el mundo, fue convertida en algo más que humana: un arma diseñada con un único propósito.
Con un sistema implantado en su mente que limita sus emociones, suprime cualquier recuerdo residual y permite a sus creadores intervenir en cada una de sus decisiones, Elara ya no es la persona que Wanda amó. Ahora es un experimento, una herramienta, una respuesta calculada para un problema que el mundo no sabe cómo enfrentar.
Controlar lo incontrolable.
All Rights Reserved