Prólogo
(Versión masculina de la telenovela Teresa)
En los lugares donde el dinero manda, la verdad rara vez se dice en voz alta, se disfraza. Se esconde detrás de modales finos, de copas de cristal, de sonrisas medidas y promesas que nunca llegan a cumplirse. En ese mundo de apariencias, los alfas llevaban la voz de mando, los betas sostenían el orden y los omegas aprendían demasiado pronto que su destino podía ser decidido por otros.
Pero Mariano Sánchez jamás nació para aceptar un destino escrito por manos ajenas. Había crecido entre carencias, entre silencios. Sin embargo, bajo esa vida dura y estrecha, había en él algo que no se veía a simple vista: una voluntad feroz, una inteligencia afilada y una belleza peligrosa que no pedía permiso para existir. Era omega, sí. Pero no de esos que se inclinaban sin resistir.
Arturo de la Barrera lo supo desde el primer instante en que lo vio. Arturo, alfa de presencia imponente, de apellido intocable y orgullo peligroso, estaba acostumbrado a que el mundo girara a su alrededor.
Pero Mariano no tembló, lo desafió. Y en ese instante, sin decir una sola palabra, algo se quebró entre ambos. Mariano aprendería a entrar en los espacios donde no había sido invitado. A sonreír cuando convenía. A mentir con precisión. A usar el encanto como un arma y el silencio como un cuchillo. Si para llegar a la cima debía tocar la puerta del mundo de Arturo, lo haría. Si para sobrevivir debía fingir amor, lo fingiría. Si para ganar debía romper corazones, lo haría sin pestañear, pero el problema de jugar con fuego es que, tarde o temprano, uno termina ardiendo.
Arturo no era un hombre fácil de engañar. Y menos aún cuando la única persona capaz de desordenarle la sangre le prometia amor. Entre el alfa acostumbrado a poseer y el omega que se negaba a pertenecer, nacería una historia hecha de orgullo, deseo, venganza y caída. Porque en ciertos amores, el primer error no es enamorarse..es creer que se p
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