Prólogo
El cajón que nadie puede abrir
Todos tenemos un lugar donde guardamos lo que no queremos perder.
Algunos lo hacen en fotografías, otros en cartas, objetos o pequeños detalles que para los demás no significan mucho.
Delfi era diferente.
Ella guardaba sus recuerdos en un lugar que nadie podía ver.
Su corazón.
A ese lugar le decía:
"Guardado en el cajón de los recuerdos."
Ahí estaban las canciones que la acompañaron, las personas que dejaron una huella, las tardes de lluvia, los libros viejos, las risas, las lágrimas y esos pequeños momentos que para otros podían parecer simples, pero para ella significaban todo.
Delfi tenía 18 años y sentía el mundo de una manera distinta.
Podía emocionarse con algo pequeño, reír cuando los nervios aparecían, llorar cuando algo le dolía y encontrar belleza en lugares donde otros no miraban.
Amaba la danza, la música, las flores calas, decorar su espacio y perderse entre las páginas de un libro.
No era perfecta.
Era real.
Con sus alegrías, sus días difíciles y esa forma tan suya de vivir cada cosa con el corazón.
Esta es la historia de una chica que entendió que los recuerdos no se guardan en lugares.
Se guardan en las personas.
Y algunos quedan para siempre.
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