Mystic Falls siempre había sido un pueblo tranquilo. Demasiado tranquilo diría yo. Con sus calles arboledas, su reloj en el centro del pueblo y ese aroma a café que salía del Mystics Girll todas las mañanas. Para cualquier persona que viniera de afuera, éramos el típico pueblito de postal dónde no pasaba nada.
Pero yo, sabia que algo se cocía debajo la superficie.
Me llamo Adeline Parker. Tengo 18 años y soy una pueblerina humana. Absurdamente humana. Y durante muchos años, eso me bastó.
Hasta que ellos llegaron.
Los hermanos Salvatore llegaron al pueblo llenos de misterios y muchos secretos. Pero, no fue Stefan quien puso mi mundo boca arriba.
Fue su hermano.
Damon Salvatore era exactamente lo que algunas vez mis padres me advirtieron: peligroso, egoísta, egocéntrico y arrogante. Y yo, tonta de mi, en lugar de huir, me quede a mirarlo directamente a los ojos.
Malditos ojos azules.
Esta no es la historia típica de vampiros y humanos. Es la historia de como aprendí que lo más peligroso no siempre es el monstruo que quiere morderte, sino el que te mira como si ya fueras suya.
Porque cuando un vampiro se fija en ti, es tener a tu disposición el infierno y el cielo al mismo tiempo. Y yo, Adeline Parker, nunca supe decir NO a una tormenta.
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