Emma no cree en las casualidades extraordinarias. Tiene una vida ocupada, un futuro cuidadosamente planeado y muy poco tiempo para distraerse.
Erling tampoco busca encontrar a nadie. Solo quiere aprovechar un último día libre para descubrir un rincón de Baviera antes de regresar a Inglaterra.
Un recorrido turístico. Una montaña. Un intercambio de mensajes que, al principio, parecía no significar nada.
A veces las historias más importantes empiezan exactamente así:
Sin buscarse.
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