"-A veces en las noches lo miro y me pregunto, ¿¡que fue lo que hicimos mal!?-admitió Bunny, sollozando con la cabeza entre las manos.
-No fueron ustedes- respondió en psicólogo, con la voz serena, plana, prevista de cualquier pisca de humanidad.
Bunny levantó la cabeza, los ojos hinchados, los cachetes rojos, y las lágrimas aún saliendo en silencio.
Entonces tres palabras lo cambiaron todo.
-Fuiste tu."
Un sueño de Bunny.
Una promesa que Sae debe cumplir, con miedo, temor, y odio.
Y entonces, Iglesias mira desde lo lejos como su amado va muriendo, pagando su brillo. No por una enfermedad, no, sino por su propio egoísmo, por mirar a otro lado cuando el problema estaba allí, en su nariz. Y porque a veces, la mente es más débil de lo que parece.
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