TODO POR TEDDY (DRARRY -HARCO)
Harry Potter ya no es un hombre.
Es una cosa rota que aún respira.
Encerrado en el sótano de la mansión Malfoy, Draco lo destrozó durante semanas: uñas arrancadas una a una, costillas fracturadas, dedos astillados, aislamiento absoluto. Cada noche Draco bajaba a alimentarse de su dolor, a disfrutar cómo ese cuerpo hermoso se retorcía bajo sus manos. Harry no suplicó. No lloró. Solo aguantó.
Porque todo lo que soporta es por Teddy.
Teddy, el niño de cuatro años que Harry cría como hijo desde que su madre murió en un charco de vómito y heroína. El único ser que le queda de luz en un mundo de sangre y traición. Draco lo sabe. Y lo usa como la cadena más cruel: una amenaza silenciosa que cuelga sobre la cabeza de Harry cada segundo.
Cuando el cuerpo de Harry está al borde de la muerte, Draco lo saca del sótano y lo encierra en una habitación lujosa del ala oeste. Ya no hay argollas colgando del techo. Ahora hay sábanas suaves, ventanas con vista al jardín negro y visitas nocturnas mucho más peligrosas.
Draco no quiere matarlo.
Quiere poseerlo por completo.
Quiere convertir el odio de Harry en adicción.
Quiere que su prisionero llegue a desear las manos que lo rompieron.
Quiere que el amor por Teddy se convierta en la excusa perfecta para que Harry se arrastre voluntariamente a sus pies.
Entre amenazas susurradas al niño, toques que queman y palabras que envenenan el alma, Harry se hunde poco a poco en un infierno de terciopelo. El deseo que siente por su verdugo lo avergüenza, lo destroza, lo hace odiarse a sí mismo más que a Draco.
En este mundo de mafia, donde el poder se mide en cuánto puedes hacer sufrir a otro, Harry aprenderá la verdad más oscura:
El amor no libera.
El amor encadena.
Y a veces, para salvar a un niño, hay que entregar el alma al diablo que disfruta viéndote arder.