En vida lo llamaron el Patriarca de Yiling,Yiling Laozu, monstruo, hereje, demonio, maldición. Cada uno de aquellos nombres era una piedra arrojada sobre el hombre que alguna vez sonrió con tanta libertad que parecía desafiar al mundo entero. El temible alfa que comandaba a los muertos cayó rodeado de odio, traición y sangre, mientras los mismos que un día caminaron a su lado observaban su final.Jiang Cheng creyó haber esperado ese momento durante años.
Creyó que, al desaparecer Wei Wuxian, el resentimiento que abrasaba su corazón también desaparecería. Que el peso sobre sus hombros se rompería al fin, que podría respirar sin recordar aquella sonrisa insolente, aquella risa escandalosa, aquella eterna costumbre de proteger a todos... incluso a costa de sí mismo.
Pero no ocurrió por qué solo quedó un vacío tan profundo que ni el paso de los años consiguió llenar. Una herida invisible que sangraba en silencio, alimentada por palabras que jamás dijo y por verdades que nunca quiso escuchar.Si realmente lo odiaba... Entoces, ¿Por qué su muerte se sentía como si le hubieran arrancado una parte del alma?. El destino, cruel y caprichoso, respondió de la única forma posible, cuando Jiang Cheng volvió a abrir los ojos, ya no era el severo líder del Clan Jiang. Había regresado al pasado, al tiempo en que aún era un niño y el loto de Yunmeng no estaba marchito por la tragedia.Allí descubriría que la historia que creyó conocer era una mentira por qué su shixiong nunca fue el poderoso alfa que todos describían, Wei Wuxian... siempre había sido un omega.
Y esa única verdad bastaría para cambiar el destino de todos.
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