Hay cosas que es mejor no buscar.
En una pequeña ciudad de las Highlands escocesas, Elías Sinclair lleva una vida que, para cualquiera, parece completamente ordinaria. Trabaja entre libros, camina por los bosques, comparte casa con su mejor amigo y guarda celosamente un viejo diario que jamás permite que nadie lea.
Pero algunas noches abandona la ciudad.
En lo profundo del bosque, cuando la luna alcanza cierta altura y las llamas comienzan a levantarse, Elías deja de ser simplemente Elías.
Hay palabras que deben pronunciarse tres veces.
Hay símbolos que no deben dibujarse a la ligera.
Hay objetos que recuerdan aquello que los humanos han olvidado.
Y hay puertas que, una vez abiertas, no siempre vuelven a cerrarse.
Su abuela le enseñó que la magia no siempre se presenta como en los cuentos. A veces vive en una piedra, en una carta de tarot, en una planta, en un sueño... o en una persona que camina junto a ti sin saber qué lleva dentro.
Elías conoce las reglas.
Nunca revelar lo que eres.
Nunca utilizar la magia para dominar la voluntad de otro.
Y jamás confundir una señal con una invitación.
Hasta que algo comienza a cambiar.
Un desconocido aparece repetidamente en su vida.
Una presencia empieza a sentirse donde antes no había nada.
Los límites entre lo cotidiano y lo invisible se vuelven cada vez más delgados.
Y mientras Elías intenta mantener su secreto intacto, alguien comienza a hacerse preguntas.
Preguntas que quizá nunca debieron hacerse.
Porque algunas verdades no se encuentran buscando.
Te encuentran a ti.
Y cuando finalmente lo hacen, quizá ya sea demasiado tarde para fingir que la magia no existe.
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