Hay personas que llegan a tu vida para enseñarte a amar. Otras te enseñan cómo se siente un corazón roto. Algunas se convierten en un hogar. Y luego existen esas personas que son todo al mismo tiempo.
Mateo Chávez conocía esa diferencia demasiado bien. Israel Reyes había sido su rival, su compañero y, sobre todo, el amor que marcó cada versión de él: la que aprendió a amar, la que aprendió a perder y la que nunca dejó de mirar hacia atrás.
El problema nunca fue olvidar al defensa. El problema era descubrir, durante el Mundial de 2026, que quizá algunas personas no estaban hechas para ser una etapa, sino una historia que nunca termina de acabarse.
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