Hay historias que se escriben para ser contadas y otras que necesitan años antes de encontrar el valor para convertirse en palabras.
Esta es la historia de una niña que tuvo que aprender demasiado pronto a sobrevivir, de una adolescente que buscó pequeños refugios en medio de sus propias tormentas y de una mujer que, después de pasar gran parte de su vida intentando salvar a los demás, comprendió que también tenía que aprender a salvarse a sí misma.
Entre heridas invisibles, vínculos que marcaron una vida, amistades capaces de convertirse en hogar, maternidad, pérdidas, amor y nuevos comienzos, estas páginas recorren un camino que no habla solamente del dolor, sino también de todo lo que puede nacer después de él.
Porque algunas cicatrices permanecen, pero ya no duelen de la misma manera cuando aprendemos a mirarlas con otros ojos.
Y porque, a veces, después de pasar años buscando un lugar al cual pertenecer, descubrimos que regresar a casa nunca significó volver a un lugar.
Significó volver a nosotros mismos.
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