El mundo se divide en dos bandos: los de alma pura y los de alma oscura.
Zybeth no es la típica protagonista débil; de hecho, es la bruja con el dominio de las sombras y con el alma oscura más poderosa que el mundo ha conocido.
Fue condenada al exilio eterno en una cueva oscura durante cien años por el antiguo rey. Allí encerrada Zybeth no aprendió a sentir, pero aprendió a destruir.
Ahora, el rey ha muerto y Zybeth es libre.
Para reclamar el lazo que le fue negado, Zybeth se ve obligada a hacer un trato con el nuevo rey, Daemoth, un soberano de alma pura cuya luz choca con su oscuridad. El trato es simple pero suicida: ella deberá descender al inframundo y asesinar al temible rey de la oscuridad antes de que se cumpla la profecía que augura que las almas oscuras gobernarán el mundo.
Sin embargo, en las profundidades del abismo, Zybeth no encuentra a un monstruo ordinario, sino a Kaelaric, un ser despiadado de fuego negro que, rompiendo las leyes de su propia naturaleza sin sentimientos, desarrolla una obsesión devota por ella. Tras una batalla épica, una oscura verdad sale a la luz, obligando a Zybeth a cuestionar quién es el verdadero enemigo.
Atrapada entre el rey de luz que busca redimir sus errores para estar cerca de ella, la criatura del inframundo que adora sus sombras, y su Rinth, su otra mitad, que no es un dragón cualquiera; es Erebnarokh, el Eclipse de Sangre, Zybeth deberá desatar la guerra. Porque cuando la Bruja de las Sombras y el dragón ante el cual los cielos se arrodillaban se encuentren, se convertirán en dos mitades de una misma destrucción... y el mundo entero se doblegará ante ellos.
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