En el terreno de juego, Mateo, Armando y Brian son un solo motor. Tres mediocampistas con una sincronía tan ridículamente perfecta que parece telepatía: no necesitan hablarse para saber a dónde va a ir el pase ni quién va a cubrir la espalda del otro. Pero para ellos tres, el verdadero enigma empieza cuando se apagan las luces del estadio. La complicidad, la lealtad y esa cercanía que construyeron entre entrenamientos y viajes empieza a cruzarse con un terreno mucho más denso, donde las miradas dicen más que la táctica y la necesidad de estar juntos ya no cabe dentro del uniforme. ¿Qué pasa cuando la conexión entre tres personas es tan fuerte que desborda la cancha... y amenaza con llevar la intimidad a un nivel donde ya no hay vuelta atrás?
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