|𝐄𝐥 𝐄𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐈́𝐭𝐚𝐜𝐚| ━━ Telémaco (La Odisea)
𝐄𝐥 𝐄𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐈́𝐭𝐚𝐜𝐚| ❝𝑇𝑟𝑎𝑡𝑎 𝑎𝑙 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑛𝑗𝑒𝑟𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑡𝑎𝑟𝑖́𝑎𝑠 𝑎 𝑢𝑛 𝑑𝑖𝑜𝑠, 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎 𝑠𝑎𝑏𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑖𝑒́𝑛 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟 𝑑𝑒𝑡𝑟𝑎́𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑒 𝑟𝑜𝑠𝑡𝑟𝑜.❞
Dione apenas era una niña cuando su padre partió rumbo a Troya junto a Odiseo. Ninguno de los dos había regresado.
Con los años, su ausencia se había convertido en una presencia más dentro del palacio de Ítaca. La de su padre dolía, pero la del rey se hacía imposible de ignorar: cada rincón de la casa estaba ahora ocupado por los hombres que pretendían la mano de Penélope y, con ella, el trono de Odiseo.
Aun así, Penélope se negaba a perder la esperanza. Cada día continuaba tejiendo el sudario que había prometido terminar antes de aceptar un nuevo esposo. Cada noche, cuando nadie la veía, deshacía en silencio todo lo que había tejido durante el día. Porque mientras aquella tela permaneciera sin terminar, todavía podía esperar. Todavía podía creer que Odiseo regresaría.
Y quizá esa era también la razón por la que Dione seguía acudiendo al palacio día tras día. Penélope la mandaba llamar todos los días, esperando, que la joven tuviera noticias de su esposo, como antaño las tuvo. Porque la muchacha había sido la única, que entre habladurías, había sabido decirle a la reina, donde estaba su marido, y aquella fue la última noticia que tuvieron de Odiseo y sus hombres. Pero desde entonces, solo había habido silencio.
Y aunque la esperanza no se perdía, aquellos hombres si perdían la paciencia, pasando día tras día aferrados a la ley de Zeus, y reclamando un poco del palacio con cada banquete. Atosigando a Telémaco, y faltando el respeto a la gente de Ítaca, viajeros y mendigos.