En un reino donde el poder nace de las plantas, ser de sangre real no te salva de que te la arranquen.
Lauren Rossvelt lo tenía todo: un trono asegurado, un padre que lo adoraba y un pueblo obligado a sonreírle. Nunca le importó lo que costara esa sonrisa.
El día de su decimoctavo cumpleaños iba a recibir su Waterseed, la semilla divina que lo convertiría en heredero. En cambio, recibió una emboscada, decenas de cadáveres en el camino, y la noticia de que su padre ya no era rey.
Salvado por una desconocida que actúa bajo órdenes ajenas, Lauren despierta en un mundo que ya no le debe nada: sin corona, sin ejército, sin el nombre que antes abría todas las puertas. Ahora es un fugitivo cazado por la facción que derrocó a su padre, y debe aprender -a golpes, literalmente- lo que nunca nadie se atrevió a enseñarle en el palacio.
Pero recuperar el trono no va a ser tan simple como reunir aliados y pelear. El pueblo que Lauren humilló no olvida tan fácil, la facción que lo persigue tiene razones que no son del todo falsas, y el padre que espera su rescate puede no ser, para cuando llegue, el mismo hombre que dejó atrás.
Este es un paraíso hecho de flores. Pero un paraíso solo para las flores no sirve de nada si los que lo habitan siguen pudriéndose por dentro.
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