Paula Hernández, de 28 años, es una de las modelos más reconocidas de Argentina. Su pelo negro, casi como la noche, atravesado por mechas plateadas, se convirtió en una de sus marcas personales. Las grandes marcas la buscan, las pasarelas internacionales conocen su nombre y las cámaras la siguen a todas partes.
Pero antes de los flashes, los viajes y las pasarelas, Paula era simplemente una chica de González Catán, La Matanza.
Salir de allí no era fácil.
A los 22 años, Paula quedó embarazada de un hombre que, después de enterarse, desapareció de su vida. Con un bebé y sin saber cómo seguir adelante, apareció Mauro Monzón, uno de los amigos que la vida le había regalado.
Mauro no la dejó sola.
Le consiguió un lugar donde vivir, la ayudó a salir de Catán junto con su hijo y estuvo presente mientras Paula empezaba a reconstruir su vida.
Con el tiempo, él la introdujo todavía más en el mundo que conocía: la música.
Mauro era músico y Paula terminó rodeada de artistas, estudios, shows, viajes, fiestas y todo aquello que formaba parte de la escena musical argentina. Al mismo tiempo, comenzó a construir su propio camino dentro de la moda hasta convertirse en una de las modelos más importantes del país.
Paula y Mauro se volvieron inseparables.
Pero había algo que casi nadie sabía.
Años atrás habían tenido una relación.
Había sido intensa, complicada y demasiado fugaz para todo lo que había significado. Nunca llegaron a ponerle un verdadero punto final.
Mauro siguió adelante.
O eso intentó convencerse.
Porque aunque quiere a Paula como su mejor amiga y está orgulloso de la mujer en la que se convirtió, una parte de él todavía siente algo por ella.
Entonces aparece Tiago.
Paula ya lo conoce por el ambiente musical. Tiago forma parte del círculo de amigos de Mauro y poco a poco empieza a existir una conexión entre él y Paula que ninguno de los dos esperaba.
Mauro lo nota.
Y sabe que Tiago puede hacerla feliz.
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