Dicen que las casas grandes guardan secretos. La mansión de la familia Vegeta guardaba demasiados. Un comandante que nunca estaba en casa. Dos niñas completamente distintas. Una esposa ausente incluso cuando seguía ahí. Y una lista interminable de empleadas que siempre terminaban renunciando. Entonces llegó Bulma. Y desde el momento en que la pequeña sonrió al verla en la puerta, todo empezó a cambiar.
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