Sin disimular
Aurora Álvarez siempre supo que no quería ser conocida únicamente como la hermana de Julián
Álvarez o como la exnovia de Paulo Dybala.
Después de vivir casi siete años en Italia, construyó una vida propia lejos de Argentina. Estudió, trabajó en la Fórmula 1, encontró su lugar en el mundo del deporte y, con el tiempo, terminó convirtiéndose en analista de video y fotógrafa para la Selección Argentina.
En Italia encontró una vida que ama, una rutina que siente suya y a Leandro Paredes, su mejor amigo y prácticamente su familia lejos de casa.
Pero mucho antes de todo eso estuvo Paulo.
Su amor adolescente.
La persona con la que imaginó un futuro cuando todavía eran demasiado jóvenes para entender que amar a alguien no siempre significa saber cómo quedarse.
La distancia, el orgullo y las ganas de Aurora de encontrar su propio camino terminaron separándolos. No porque dejaran de quererse, sino porque sus vidas empezaron a ir en direcciones diferentes.
Años después, ambos siguieron adelante.
Aurora construyó la vida que siempre quiso.
Y Paulo también.
Aunque ahora hay un pequeño detalle que hace que cualquier posible reencuentro sea mucho más complicado
Paulo ya no está solo.
Y quizás algunas historias realmente están destinadas a quedarse en el pasado.
O quizás hay personas que, sin importar cuánto tiempo pase, nunca terminan de ser un capítulo cerrado.