Todo comenzó como una broma. Una simple idea entre compañeros, una mano extendida frente a las cámaras y un corazón que, para Campillo, terminó significando mucho más de lo que debería. Lo que ninguno de los dos esperaba era que aquella pequeña broma cambiara por completo la dinámica entre ellos. Porque entre cámaras, rumores, verdades a medias y sentimientos que comenzaron a confundirse, llegó un momento en el que ya no era tan sencillo distinguir qué había comenzado como un juego y qué había dejado de serlo. Y cuando los papeles cambian, descubrir quién está diciendo la verdad puede convertirse en lo más difícil.
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