Hay personas que creen que la medicina es una profesión. Para ella, siempre fue una forma de existir.
A sus veintinueve años, una residente de Pediatría en uno de los institutos más prestigiosos de la Ciudad de México intenta convencerse de que su vida sigue el rumbo que imaginó. Es brillante, disciplinada y extraordinariamente competente. Pero nadie sabe que, siete meses atrás, perdió a la persona con la que creyó compartiría el resto de su vida.
Desde entonces, vive atrapada en una bifurcación sin mapa. Mientras las guardias consumen sus días, las preguntas permanecen: ¿qué quiere hacer con su carrera?, ¿puede volver a enamorarse?, ¿quién es cuando deja de usar la bata blanca?
La respuesta comienza a insinuarse durante su rotación en Oncología Pediátrica, cuando conoce a una hematóloga diez años mayor: brillante, serena y profundamente humana, cuya vida ha sido moldeada por la disciplina y por mantener el amor a prudente distancia.
Entre guardias interminables, diagnósticos difíciles, pérdidas inevitables y pequeñas victorias, surge entre ellas una conexión silenciosa. No nace del deseo inmediato, sino del respeto, la admiración y esa extraña tranquilidad que ciertas personas provocan cuando aparecen en el momento preciso.
Ninguna imagina que la medicina, acostumbrada a buscar respuestas para todo, será incapaz de explicar lo que comienza a crecer entre ellas.
Porque algunas historias de amor no empiezan con una confesión.
Empiezan con una mirada que dura un segundo más de lo debido.
Tous Droits Réservés