Para él, cada día es algo que debe soportar.
En la escuela, las burlas y el acoso forman parte de su rutina. En casa, las constantes discusiones entre sus padres hacen que tampoco encuentre un lugar donde sentirse seguro. Poco a poco, aprende a guardar silencio, a pasar desapercibido y a fingir que todo está bien.
Sus únicos momentos de tranquilidad llegan cuando se coloca los audífonos y deja que la música cubra todo aquello que no quiere escuchar.
Hasta que una tarde, mientras regresa a casa por un pequeño callejón, una chica desconocida comienza a saludarlo.
No le pregunta qué le ocurre.
No conoce su historia.
Simplemente sonríe.
Lo que comienza como un pequeño gesto termina convirtiéndose en una parte importante de su día. Con el paso del tiempo, aquellos encuentros se transforman en una conexión que ninguno de los dos esperaba.
Pero mientras algo nuevo comienza a crecer entre ellos, la vida del joven continúa empeorando. Las personas que deberían protegerlo no siempre están dispuestas a escucharlo, y pedir ayuda no resulta tan sencillo como parecía.
Cada día se vuelve más difícil.
La música comienza a dejar de ser suficiente.
Y mientras él intenta seguir adelante sin mostrar lo que realmente siente, nadie parece darse cuenta de cuánto está soportando.
Porque a veces las personas no necesitan grandes cosas para sentir que alguien se preocupa por ellas.
A veces basta con una sonrisa.
Un saludo.
Un momento de atención.
O simplemente saber que alguien estará ahí al día siguiente.
Una historia sobre el acoso, la soledad, aquello que decidimos callar y las señales que podemos pasar por alto sin darnos cuenta.
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