¿Qué pasa cuando el cuerpo siente algo que la mente todavía no se atreve a nombrar? Valentina lo descubre el día que conoce a Aitana, bailarina y dueña del antiguo estudio de danza donde ella ha ido a restaurar un mural olvidado. Lo que empieza como un trabajo se convierte, sin permiso, en un despertar: miradas que se quedan de más, silencios que pesan, un calor que no sabe cómo explicarse. Una novela sobre el deseo que llega, y el fuego que se siente en la piel antes de tener nombre.
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