Nicole Palacios Ortega, de 25 años, creció en González Catán, un lugar que marcó cada etapa de su vida. Su adolescencia estuvo rodeada de plazas, amigos, música y, sobre todo, batallas de freestyle. Entre rimas improvisadas y noches interminables viendo competir a los mejores de la escena, Nicole descubrió una pasión que terminaría convirtiéndose en su futuro.
Fue allí mismo donde conoció a Mauro Monzón, un chico de 26 años que había crecido en las mismas calles y compartido aquella misma pasión por el freestyle. Desde adolescentes se volvieron inseparables. Comenzaron improvisando por diversión, hasta que ambos descubrieron que tenían algo más que talento: tenían una historia que contar.
Con los años, Nicole y Mauro consiguieron hacerse un lugar dentro de la escena argentina y finalmente dieron el salto para convertirse en cantantes. La fama, los escenarios y la música cambiaron sus vidas, pero había algo que permanecía exactamente igual: la conexión que tenían desde aquellos primeros años en González Catán.
Sin embargo, Nicole jamás se imaginó que para Mauro aquella conexión significaba mucho más.
Porque mientras ella lo veía como su amigo, su compañero de aventuras y una de las personas que mejor la conocía, Mauro llevaba toda su adolescencia y ahora también su adultez enamorado de ella.
Y después de tantos años compartiendo sueños, canciones y escenarios, quizás había llegado el momento de que Nicole descubriera que la persona que siempre había estado a su lado... nunca la había visto solamente como una amiga.
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