Iara solo quería hacer bien su trabajo.
Una nueva sala de cuatro, veinte chicos por conocer y un año entero por delante.
Hasta que Luna llegó al jardín.
Y con ella, Lisandro, su papá.
Al principio, él solo era eso: el papá de una de sus alumnas.
Pero entre entradas, salidas, conversaciones en el pasillo y pequeños momentos compartidos, algo comienza a cambiar.
Porque hay vínculos que aparecen sin buscarlos.
Y sentimientos que llegan justo donde no deberían.
Ella es la seño.
Él es el papá.
Y Luna es el punto que los une.
¿Hasta dónde puede llegar una historia que nunca debería haber comenzado?
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