La primera regla de protección es simple: Nunca te involucres con el cliente. Kim Namjoon ha pasado años cumpliéndola, hasta Kim Seokjin. Cantante, icono mundial. El hombre que llena estadios con una sonrisa y vacía habitaciones cuando las luces se apagan. Lo que Namjoon descubre demasiado tarde es que el verdadero peligro no viene del exterior. Viene de Seokjin. De su necesidad constante de desafiar límite, de su tendencia a arrastrar a todos hacia su caos. Y de la forma en que logra meterse bajo la piel de la única persona que debería permanecer inmune. Entre ellos solo existe una regla: Mantener la distancia. Una regla que están destinados a romper.
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