Pedri miró a Ferran con una mezcla de dolor y determinación en los ojos. Sabía que lo que estaba a punto de hacer destruiría a su compañero que también sabía perfectamente su sentimiento hacia él, pero su corazón ya tenía dueño y nombre. -Lo siento, Ferran... pero no puedo. -susurró, la voz quebrada-. Gavi... es quien ocupa el lugar en mi corazón. Ferran, con el alma en pedazos, trató de buscar alguna señal de duda en el rostro de Pedri, pero solo encontró un vacío que lo desmoronó por dentro. El amor que había creído que iba a ser correspondido se desvaneció en el aire, mientras el dolor se sellaba en el silencio entre ellos.
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