Durante toda mi vida soñé con ser un héroe.
Cuando mi ídolo me dio la oportunidad de cumplir mi más grande sueño y me transmitió no solo un poder si no tambien un legado, no lo dudé. Entrené hasta dominarlo y, cuando el mal finalmente apareció, lo enfrenté sin importar el precio.
Lo derroté.
Me convertí en el héroe más grande de mi generación.
Pero todo poder tiene un precio.
Nací sin ningún poder y, después de aceptar el legado que me había sido transmitido, estaba destinado a terminar de la misma manera: sin poder. Un final casi poético para alguien que había dedicado toda su vida a convertirse en un héroe.
Pero el mundo tenía otros planes para mí.
Tras lo que pensé que sería mi muerte, desperté en un mundo desconocido. Sin poderes. Sin aliados. Herido y al borde de la muerte. Un lugar donde las reglas que conocía ya no existían.
Aquí no hay héroes que vengan a salvarte.
Aquí, los débiles son presas.
Y si quiero sobrevivir, tendré que dejar atrás todo lo que alguna vez creí sobre lo que significa ser un héroe.
Porque esta no es la historia de cómo me convertí en el héroe más grande.
Esta es la historia de cómo me convertí en el depredador de Nevermore.
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