HOLA, mi nombre es Gael
Y si estás leyendo esto, probablemente estés buscando respuestas, al igual que yo.
Antes de todo, mi vida era simple.
No perfecta, pero simple.
Vivía con mis padres y mi hermana pequeña, Lía.
Tenía un mejor amigo, Leo, de esos que no se eligen, simplemente aparecen un día y ya no se van.
Trabajaba en un taller junto a mí padre, arreglando motores y autos viejos.
Volvíamos a casa al atardecer, cansados, con olor a gasolina y hambre.
Me quejaba por cosas estúpidas: el calor, el aburrimiento, el maldito polvo de las calles.
Ahora daría lo que fuera por volver a una de esas tardes.
Nunca pensé que el fin del mundo llegaría tan silencioso.
No hubo explosiones, ni avisos, ni tiempo para prepararse.
Solo una mañana normal.
Luego... la gente empezó a cambiar.
Al principio eran extraños.
Caminaban lento, con la cabeza torcida, los brazos colgando, la mirada vacía.
No hablaban.
No parpadeaban.
Solo gruñían.
Y lo peor...
se comían a la gente.
Vi cosas que no voy a escribir aquí.
No todavía.
Porque cada vez que las recuerdo, siento que algo dentro de mí se rompe un poco más.
Mi pueblo se convirtió en un cementerio sin lápidas.
Corrimos entre los gritos, los carros volcados y el humo.
Perdí a personas que amaba.
Y entendí que nada volvería a ser igual.
Ahora escribo en este cuaderno para no volverme loco.
Para recordar quién soy.
Para no olvidar lo que pasó.
Porque si olvido, todo habrá sido en vano.
En este nuevo mundo no hay reglas.
No hay horarios, ni descansos, ni promesas.
Solo ruido, sangre y decisiones que te persiguen hasta de noche.
Los muertos caminan, sí.
Pero los vivos... los vivos dan más miedo.
Y yo ya no sé cuánto tiempo más podré seguir contándolo.
Ésta es mi historia...
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