En los pasillos de piedra del Castillo Montero, el silencio pesa más que la propia corona.
Lilith Montero, heredera del ducado, ha sido educada para hablar en murmullos calculados, vestir terciopelos pesados y obedecer las reglas de una corte donde cada sonrisa esconde una intención. Su destino ya está decidido: un matrimonio político que garantizará la continuidad de su linaje y mantendrá intacta la frágil estabilidad del reino.
Pero detrás de su postura impecable y su mirada serena existe una joven que cuenta los días para escapar de la jaula dorada en la que nació.
Su única vía de escape es Sebastián «Bastián» Anteo.
Heredero de una antigua estirpe de comediantes y acróbatas al servicio de los Montero durante generaciones, Bastián conoce perfectamente el precio de sobrevivir en la corte. Lleva cascabeles en los tobillos y el rostro cubierto de maquillaje blanco, pero su verdadera máscara no es la que lleva sobre la piel.
Es el humor.
Detrás de sus bromas impertinentes, sus reverencias exageradas y esa sonrisa que nunca parece desaparecer, Bastián posee un talento mucho más peligroso: leer a las personas.
Y es el único que mira a Lilith y no ve a una heredera, una futura esposa o una pieza dentro de un juego político.
La ve a ella.
Todo cambia cuando la corte anuncia el compromiso de Lilith con un noble extranjero cuya alianza podría salvar al reino... o entregarlo lentamente a sus enemigos.
Esa misma noche, mientras el castillo duerme, Bastián se cuela en los aposentos de la heredera.
Pero esta vez no lleva una broma.
Sobre la mesa deja una pequeña llave y un mapa trazado a tinta.
Una ruta de escape.
Una oportunidad para ser libre.
Y una decisión que podría condenarlos a ambos.
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