Durante mucho tiempo Aramonte, vivió bajo la sombra de heridas que no cicatrizan. Entre los sonidos del rio Alba, y el calor que se pega a la piel, nacieron y se encarnaron historias de esperanzas y dolor.
La ciudad conoció el peso de la corrupción que llena las manos ajenas, y aguanto la violencia que llego con los años más oscuros del conflicto: amenazas silenciosas, muertes, masacres, desplazamiento, y barrios enteros que aprendieron a vivir con miedo.
Aquí, las juventudes crecieron entre promesas rotas y la necesidad de crearse sus propios caminos. Algunos los encontraron en la música, en el deporte o en la educación; otros cayeron en las trampas de la calle, las drogas, la prostitución y la indiferencia de un sistema que parecía no escucharlos.
M ha sido escenario de luchas invisibles, estudiantes que marchan bajo un sol ardiente, campesinos que exigen tierras y familias que a pesar de todo creen en la posibilidad de un futuro mejor.
Esta historia -aunque ficticia- está inspirada en las voces reales que fueron silenciadas. En los cuerpos reales que fueron asesinados por el mismo país. En los niños obligados a trabajar para poder estudiar, en los ciudadanos que enterraron a otros ciudadanos con sus propias manos. En los que escaparon, y en los que no pudieron hacerlo.
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