Dani Olmo y Pablo Gavi siempre habían sido inseparables. En el Barça y en la selección española, todos estaban acostumbrados a verlos juntos. Entrenaban juntos, viajaban juntos, compartían habitación cuando podían y parecían entenderse con una sola mirada. Para ellos no había nada extraño. Eran mejores amigos. Y tenían sus respectivas parejas. Entonces, ¿por qué cada vez resultaba más difícil convencer a los demás de que entre ellos no había nada? Un Mundial, nuevos desafíos y demasiadas horas compartidas harán que aquello que durante años parecía una amistad perfectamente normal empiece a sentirse diferente. Porque a veces los sentimientos no aparecen de golpe. A veces simplemente están ahí, escondidos entre bromas, miradas y momentos que parecen no significar nada. Y cuando finalmente te das cuenta de que algo ha cambiado, puede que ya sea demasiado tarde para fingir que sigue siendo lo mismo. "Somos solo amigos." Eso era lo que siempre habían dicho. ¿Pero qué pasa cuando empiezan a dejar de creérselo?
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