Toda una vida esculpida bajo el hielo de miradas ajenas.
Excusas huecas que resuenan en el silencio, promesas rotas y el tacto helado de un destino impuesto. Un cuerpo adormecido por la escarcha.
Desde que tiene memoria, sus frágiles hombros han sido obligados a soportar el peso aplastante de un universo entero; una responsabilidad tan densa y asfixiante que amenazaba cada día con quebrar su espíritu.
Pero el frío no es lo único que tiñe su existencia. También está la sangre. Caliente, espesa y ajena, manchando su rostro y cobrándose el precio de su niñez. Como una delicada flor de primavera obligada a echar raíces en un rosal de muerte, tuvo que forjar espinas afiladas para protegerse mucho antes de poder siquiera desplegar su corola. El mundo no le permitió florecer; le exigió sobrevivir.
Y entonces, en medio de su perpetua tormenta invernal, un destello abrasador se cruzó en su camino.
Unos ojos claros, resplandecientes con la fiereza de un sol implacable, se clavaron en él. Una mirada que promete consumirlo hasta la médula, amenazando con reducir su existencia a meras cenizas que terminarán surcando el viento helado.
En ese hermoso y terrible reflejo de cristal se esconde una inocencia letal, un magnetismo del que resulta imposible escapar.
Es el preámbulo de una colisión inevitable. El descubrimiento de un secreto con un valor incalculable oculto bajo capas de dolor... la gema más hermosa, codiciada y rota de todas.
Tüm hakları saklıdır