"Querido Rin..." Eso era lo único que Nanase se atrevía a escribir. En una academia donde el fútbol lo era todo, decidió guardar sus sentimientos en cartas que jamás pensó entregar. Mientras Rin seguía persiguiendo su sueño sin mirar atrás, Nanase aprendía a amarlo en silencio... hasta que un día decidió dejar de hacerlo. Porque algunas cartas nunca llegan a su destino. Y, a veces, es cuando dejan de escribirse que alguien por fin empieza a leer el corazón de quien las escribió.
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