Takemichi Hanagaki siempre fue pasado por alto.
Incluso después de todo -salvar a Mikey del abismo, ayudar a Izana a encontrar la paz, unir a pandillas fracturadas- nadie se detuvo realmente a darle las gracias. Sus sacrificios quedaron enterrados bajo victorias más ruidosas, nombres más celebrados y un poder más visible. A Tenjiku no le importó. A Toman no le importó. Ni siquiera a los Black Dragons. O al menos eso creía él.
Takemichi pensó que su silencio significaba que sus esfuerzos no importaban. Que sus lágrimas, sus heridas y su inquebrantable fe en todos simplemente eran ignoradas. Sin gratitud. Sin reconocimiento. Solo un silencioso borrado.
Por eso, cuando llegó la noticia de su muerte prematura -Takemichi Hanagaki, fallecido a los 26 años- fue como una onda de choque. Solo entonces comenzaron a darse cuenta de lo que habían perdido. El chico que siempre estuvo a su lado, frágil y terco, había sido su luz guía todo el tiempo. El calor que ignoraron había desaparecido y, con él, algo esencial.
Él los había guiado a través de la oscuridad, incluso cuando se burlaban de él por llorar en medio del caos. Era el sol que asumieron que nunca se apagaría.
Y cuando ese sol desapareció, no pudieron seguir adelante. Se desmoronaron, aferrándose a la culpa, susurrando su nombre y suplicando por una forma de arreglar lo que habían roto.
Entonces, como un milagro, una estrella fugaz cruzó el cielo nocturno y el tiempo se rebobinó.
Ahora, de vuelta en el pasado, se les ha dado una segunda oportunidad. Una oportunidad para cambiar. Una oportunidad para ver a Takemichi claramente esta vez: no como el llorón, sino como el héroe que siempre fue.
¿Finalmente le mostrarán la gratitud y el amor que nunca recibió? ¿O la historia se repetirá una vez más?
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Esta historia no es mia yo solo la traduzco
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