Tallándose los ojos con fuerza, Taeui contempló atónito la escena que tenía enfrente, incapaz de dar crédito a lo que veía. Bajó la mirada hacia la lata de cerveza que sostenía en la mano... ¿Acaso estaba adulterada? ¿Lo habían drogado? No, él sabría perfectamente si estuviera bajo el efecto de alguna sustancia... ¿o no? En realidad, nunca se había drogado en su vida, pero en ese preciso instante, era la única explicación lógica que su cerebro alcanzaba a procesar. ¿O se trataba de un maldito y extraño sueño? Se propinó un fuerte pellizco en el brazo, pero lo único que obtuvo a cambio fue un ardor intenso y muy real.
Parpadeando rápidamente, sus ojos se negaban a apartarse del niño que lo observaba fijamente. El pequeño ser lo miraba con los bracitos cruzados sobre el pecho, manteniendo una expresión oscura y extrañamente intimidante, a pesar de que Taeui casi le triplicaba la edad.
-¿Quién eres? ¿Acaso eres un sirviente? Pareces bastante inútil -comentó la aguda vocecita.
Sí, sin lugar a dudas era Ilay. Y sí, sin duda alguna, aquello era real. Taeui necesitaba un maldito descanso urgente, porque no podía asimilar que una mierda tan bizarra estuviera sucediendo.
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