Natalia estaba convencida de que era fría, que le gustaba estar sola y que tenía sus emociones perfectamente bajo control.
Después apareció Martina Paz.
Su subgerenta.
Con pareja.
Mayor que ella.
Y trabajando en el mismo supermercado.
O sea, una idea espectacular desde cualquier punto de vista excepto el sentido común.
Lo que comienza con conversaciones después del turno, una carta de Hogwarts y un par de bromas demasiado inocentes pronto se convierte en mensajes de madrugada, miradas que duran más de la cuenta, compañeros que empiezan a cahuinéar y cinco palabras capaces de arruinar cualquier posibilidad de seguir fingiendo normalidad:
"Algo de usted me atrae mucho."
El problema nunca fue que una sintiera y la otra no.
El problema fue que se gustaron lo suficiente para acercarse... pero nunca encontraron una forma sencilla de quedarse.
Entre besos que no deberían ocurrir, celos, noches juntas, intentos desastrosos de ser "solo amigas", despedidas que duran menos de lo recomendable y un supermercado donde aparentemente todo el mundo tiene tiempo para observar vidas ajenas, Natalia y Martina descubrirán que algunas personas no llegan para quedarse para siempre.
Llegan para cambiarte.
Y a veces lo más difícil no es enamorarse.
Es descubrir qué hacer cuando todavía quieres a alguien que ya sabes que deberías aprender a soltar.
Porque ellas supieron encontrarse.
Lo que nunca supieron fue cómo dejarse ir.
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